Un turista francés de 68 años murió en Death Valley el 17 de agosto. Su nombre: Pierre Michel Formosa. Un día antes, publicó en Facebook una foto desde Furnace Creek. Bromeaba sobre el calor.
«El termómetro habla en serio: 117°F, casi 47°C en lo más caliente del día», escribió. También mencionó la hielera que llevaba. La llamó «prácticamente un miembro del equipo». Era su última publicación.
Formosa viajaba con un acompañante por una carretera remota del parque. Su vehículo quedó atascado en el barro. No había otros vehículos cerca. La ayuda podía tardar horas. Los dos hombres decidieron caminar por los salares en busca de asistencia.
Ese día la temperatura alcanzó los 116°F. Formosa no pudo continuar después de caminar poco más de una milla. Su acompañante siguió adelante. Encontró a un automovilista que pasaba. Reportó la emergencia en el centro de visitantes del parque, poco después de las 2 p.m.
Rangers y equipos de rescate locales y estatales lanzaron una operación de búsqueda. Encontraron a Formosa. Lo declararon muerto en el lugar. El médico forense del condado de Inyo determinará la causa oficial de muerte.
El superintendente del parque, Reynolds, fue directo: «Death Valley es un lugar extraordinario, pero su calor, sus distancias y su lejanía pueden ser peligrosos, sin importar la experiencia». Las autoridades del parque recomiendan llevar al menos un galón de agua por persona por día. También aconsejan no abandonar el vehículo si se queda varado.
Formosa describió Furnace Creek como «un verdadero oasis». Estaba a unos 190 pies bajo el nivel del mar. Sabía dónde estaba. Aun así, el desierto ganó.
Hay una lección aquí que no tiene ideología. Death Valley mata con la misma indiferencia a turistas experimentados y a novatos. El parque es enorme. La cobertura celular desaparece. Una caminata corta se convierte en una sentencia de muerte en cuestión de minutos bajo ese sol. Las autoridades lo repiten cada verano. Cada verano hay que repetirlo de nuevo.
Formosa no era imprudente. Era un viajero que documentaba su aventura con humor y entusiasmo. Eso hace la historia más dura, no más fácil. El desierto no distingue entre el valiente y el temerario. Solo distingue entre el preparado y el que no lo está.



