No es una filtración. No es una hipótesis de think tank. Es un general de tres estrellas ante un auditorio de defensa, con micrófono abierto.
El teniente general Joseph Jarrard, vicecomandante del Mando Norte de EE.UU. y vicecomandate del contingente americano en NORAD, lo declaró sin eufemismos: las bases militares estadounidenses están «mal equipadas» para repeler un enjambre de drones de ataque.
No es un problema menor. Es el núcleo del problema.
«No tenemos los sensores», dijo Jarrard en el Simposio Anual de Defensa Espacial y de Misiles. «Y dependiendo de dónde vaya a atacar ese enjambre, depende de si tenemos algún sensor en absoluto, y también de si tenemos algún efector para ir tras ese problema».
Algunas bases no pueden detectar la amenaza. Otras no pueden neutralizarla. Algunas no pueden hacer ninguna de las dos cosas.
Jarrard señaló que la detección es «el mayor problema». NORTHCOM trabaja para conectar sus sistemas con los de las fuerzas del orden locales y otras agencias que operan sistemas de detección fuera de las instalaciones militares. Por ahora, NORAD usa los radares que ya tiene en inventario.
El general también confirmó que el mando está integrando tácticas contra drones en la Operación Noble Eagle, la misión de defensa aérea de larga data entre EE.UU. y Canadá.
«Estamos mal equipados ahora mismo para manejar algo así, y obviamente lo hemos visto usado», admitió Jarrard. «Lo vemos usado a diario en todo el mundo, y tenemos que encontrar la manera de mitigar esa amenaza».
El contexto es brutal. Los drones baratos de un solo uso han reescrito la aritmética del campo de batalla en Ucrania y Oriente Medio. Un adversario puede destruir equipos, infraestructura y personal sin gastar un misil. Sin arriesgar un avión. Sin firmar un acto de guerra convencional.
La advertencia de Jarrard llega mientras el Pentágono solicita miles de millones para nuevas armas antidron. La brecha entre lo que se pide y lo que existe hoy es, según el propio general, enorme.
Esta no es la primera alarma. En mayo, el comandante de NORTHCOM, general Gregory Guillot, ya había expresado preocupaciones similares.
Dos generales. El mismo diagnóstico. Cero correcciones visibles.
Que no te lo cuenten: el aparato de defensa más caro del mundo tiene bases que no pueden ver venir un enjambre de drones comerciales. El Pentágono lleva años pidiendo presupuestos récord. El contribuyente americano ha pagado cada centavo. Y el resultado, según el propio mando, es una vulnerabilidad que los adversarios ya explotan «a diario». La burocracia militar tiene un talento especial: gastar a escala industrial y entregar capacidad a cuentagotas. Mientras los generales piden más tiempo y más fondos, el enemigo ya tomó nota.



