Que no te lo cuenten.
Rahil Prakash, de 21 años, se identificó ante The Guardian como el único responsable detrás de Median Strategies, una operación de encuestas que se presentó como firma «independiente de sondeos e investigación» y prometía «reconstruir la confianza en el sector». Todo era mentira.
Prakash construyó el sitio web con inteligencia artificial y fabricó las encuestas él solo. Su declarada motivación: ver si datos inventados podían circular por los medios políticos sin ser verificados de forma independiente. «Quería comprobar si las encuestas falsas podían penetrar el ecosistema así de fácilmente», dijo. «Y resultó que sí podían».
Las consecuencias fueron reales antes de que se destapara el fraude. Median publicó un sondeo que mostraba a la alcaldesa de Los Ángeles Karen Bass liderando a la retadora demócrata socialista Nithya Raman por 12 puntos. Bass difundió el dato públicamente y luego borró la publicación cuando la operación quedó expuesta. La firma también publicó una encuesta que situaba a la socialista Francesca Hong liderando la primaria demócrata para gobernador de Wisconsin por más de 20 puntos, y otra que mostraba al gobernador republicano de Nevada Joe Lombardo liderando su carrera de reelección.
Cuando el escándalo estalló, Median retiró todos sus sondeos y los reencuadró como un ejercicio para examinar «cómo información de encuestas supuesta podría entrar y propagarse por el ecosistema informativo político sin verificación independiente». La American Association of Political Consultants rechazó esa justificación de plano: lo llamó «un engaño dirigido a los votantes, a la prensa y a las campañas que dependen de datos públicos para tomar decisiones».
Prakash dijo que le sorprendió la velocidad con que los sondeos se propagaron. «No esperaba que la prensa política de California los recogiera por su cuenta», admitió. También pidió disculpas a las campañas de Bass, Raman y Hong.
The Guardian lo identificó a través de los registros de dominio vinculados al sitio web de Median Strategies.
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El relato se cayó solo. Un universitario con una computadora y acceso a inteligencia artificial fabricó números, los vistió con el lenguaje de la credibilidad institucional y los medios los publicaron. Sin llamar. Sin verificar. Sin hacer la pregunta más básica del periodismo: ¿quién está detrás de esto?
Eso es lo que debería incomodar. No solo el fraude de Prakash, sino la facilidad con que la burocracia mediática convierte cualquier dato que confirma su narrativa en titular. La prensa que exige rigor a otros no aplicó ninguno a sí misma. El ecosistema no falló por falta de herramientas: falló por falta de escepticismo. Y eso no lo arregla ningún «experimento social».



