El Concejo Municipal de Los Ángeles votó el viernes para bloquear un proyecto de 398 viviendas en el Woodland Hills Country Club. El terreno es un campo de golf centenario en el Valle de San Fernando, cerca de las Montañas de Santa Mónica.
El desarrollador Arrimus Capital, con sede en Newport Beach, presentó una solicitud para reconvertir parte del campo. El plan incluía 175 casas unifamiliares de tres pisos en venta, 189 apartamentos de alquiler en un edificio de cuatro pisos y 34 apartamentos con renta restringida en otro edificio de cuatro pisos. También contemplaba más de 55,900 pies cuadrados de espacio abierto.
Arrimus Capital buscaba acogerse a la Ley AB 2011. Esa norma estatal permite a los desarrolladores saltarse el largo proceso de revisión municipal para ciertos proyectos residenciales mixtos en suelo comercial, como un campo de golf.
El concejal Blumenfield lo frenó. Argumentó que el terreno es hábitat del puma de montaña, especie en peligro de extinción. Citó documentación de vecinos, investigación biológica y estudios de la Santa Monica Mountains Conservancy. El Departamento de Planificación determinó que el sitio califica como «hábitat de vida silvestre». Eso fue suficiente para obligar al desarrollador a someterse al proceso convencional, más largo y discrecional.
Blumenfield añadió dos argumentos más. Primero: el terreno está en una zona de «muy alto» riesgo de incendio. Segundo: la ley AB 2011 no fue diseñada para proyectos de esta naturaleza.
Aaron Green, representante de Arrimus Capital, respondió con dureza. Dijo a Los Angeles Times que la empresa deberá presentar una demanda. Acusó a la ciudad de actuar contra los angelinos que necesitan vivienda y calificó de «afirmaciones falsas» la tesis del hábitat de puma. Blumenfield replicó que existe «abundante información» que respalda la decisión y que Woodland Hills queda «en buena posición».
El campo de golf fue construido originalmente por el desarrollador Victor Giraud a mediados de la década de 1920. En 1945 se convirtió en club privado. Ya en 1988, el Los Angeles Times reportaba preocupaciones similares por otro desarrollador que quería convertir el predio en viviendas de lujo.
Aquí está el patrón de siempre. Una ciudad con crisis de vivienda documentada usa la burocracia ambiental para bloquear oferta privada. El costo no lo paga el concejal. Lo pagan los angelinos que buscan dónde vivir. El puma se convierte en coartada perfecta: nadie vota en contra del puma.
El libre mercado ofreció 398 unidades. El aparato estatal respondió con un estudio de hábitat. Que no te lo cuenten como victoria del medio ambiente. Es una victoria de la escasez.



