JD Vance no necesitó inventar nada. Le bastó con citar al candidato.
El vicepresidente visitó el viernes la planta siderúrgica Cleveland-Cliffs Middletown Works, en su ciudad natal de Ohio, y puso en el centro del debate al nominado demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed. El blanco: unas declaraciones que El-Sayed pronunció en el banquete anual del Consejo de Relaciones Islámico-Americanas (CAIR) en Oklahoma en 2022, donde fue orador principal.
En ese discurso, El-Sayed criticó la Pregunta Estatal 755 de 2010, una enmienda constitucional de Oklahoma que buscaba prohibir a los tribunales considerar la sharia en sus decisiones. La medida fue aprobada por el 70% de los votantes, aunque luego fue bloqueada por tribunales federales. El-Sayed vinculó ese esfuerzo legislativo con el Trail of Tears, la masacre de Tulsa y, en sus propias palabras, con el «supremacismo blanco».
«Hay un hombre que dice representar a los trabajadores y afirma que no solo deberíamos tener la sharia, sino que si la criticas eres un supremacista blanco», dijo Vance ante los trabajadores de la planta. «Eso no es el Partido Demócrata de mi abuelo, amigo mío.»
Vance habló de su abuelo, que trabajó como soldador durante 40 años y votó demócrata porque lo consideraba «el partido de los hombres sindicalizados». Hoy, argumentó, ese partido pertenece a «estudiantes de posgrado» y no a quienes hacen funcionar instalaciones como la que lo escuchaba.
El-Sayed, hijo de inmigrantes egipcios musulmanes, se enfrenta al republicano y exrepresentante Mike Rogers en una contienda que podría definir el control del Senado. Además de las declaraciones sobre la sharia, el candidato ha generado controversia por describir a Israel como un «apartheid» y acusarlo de cometer «genocidio», lo que ha suscitado preocupaciones en la comunidad judía. Tras ganar las primarias, El-Sayed declaró: «Mi compromiso con la seguridad judía es el mismo que con la seguridad de mis propios hijos».
Que no te lo cuenten.
Lo que Vance hizo en Middletown no fue un ataque de campaña al uso: fue mostrarle a un obrero del acero lo que su partido de toda la vida se ha convertido. Un partido que en 2022 aplaudía a un orador que equiparaba la voluntad democrática del 70% de los votantes de Oklahoma con el supremacismo racial. La clase trabajadora no necesita que le expliquen por qué eso le resulta ajeno. Lo siente en el estómago. El relato progresista de que defender el estado de derecho secular es racismo no es un accidente retórico: es la brújula ideológica de una nueva élite que ha tomado el partido y lo ha vaciado de sus raíces. Vance solo encendió la luz.


