Wyoming no es terreno demócrata. Nunca lo fue. El último demócrata elegido para este escaño del Senado fue Joseph O'Mahoney, en 1954. Desde 1962, el asiento es republicano sin interrupción.
Ahora James Byrd quiere cambiar eso. El exrepresentante estatal ganó el martes la primaria demócrata. Derrotó a Billy Benavidez, exencargado de un campo de golf. La carrera era cuesta arriba desde el primer día.
Byrd no es un demócrata de manual. Fue geofísico en la industria energética. Luego trabajó como consultor de software. Pasó una década en la Cámara de Representantes de Wyoming, a partir de 2009. Allí operó en una legislatura de mayoría republicana. Dice que su sello es el bipartidismo.
Su campaña apuntó al votante local. Protección de tierras públicas. Empleos en energía. Reducción de costos de salud rural. Nada de retórica de costa este. También criticó los aranceles de Trump, argumentando que han perjudicado la carne y los productos agrícolas de Wyoming al cerrar mercados externos.
En inmigración, Byrd tomó distancia de su partido. Apoyó mayor seguridad fronteriza y más aplicación de la ley. Se opuso a la separación de familias. Respaldó vías legales ampliadas para trabajadores. Un perfil moderado, calculado para un estado que no perdona el progresismo.
Su rival en la primaria, Benavidez, corrió desde otro ángulo. Libertad individual. Oposición a la vigilancia estatal. Políticas de libre mercado. Límites de mandatos. Reducción del poder federal. Perdió.
El escaño quedó abierto porque la senadora republicana Cynthia Lummis anunció en diciembre que no buscaría la reelección. Dijo que no tenía energía para otro mandato de seis años.
Lo que viene ahora es una carrera general en uno de los estados más rojos del país. Byrd puede presentarse como moderado. Puede hablar de energía y de ranchos. Pero Wyoming es Wyoming. El aparato electoral republicano tiene décadas de ventaja estructural en ese territorio.
Contrafuego lo dice sin rodeos: Byrd es un candidato serio para ser demócrata en Wyoming. Eso no es poco. Pero la historia pesa. Más de sesenta años de dominio republicano no se revierten con un perfil centrista y buenas intenciones.
Lo interesante aquí no es si Byrd gana. Lo interesante es qué dice sobre el Partido Demócrata que su mejor apuesta en Wyoming sea alguien que suena, en varios puntos, más a republicano moderado que a demócrata de 2025. El relato progresista no viaja bien a las Rocosas. Eso, al menos, lo entendió Byrd.



