La Coalición Anticarteles de las Américas tiene 19 miembros. Estados Unidos la lidera. La iniciativa nació en marzo de 2026, en la cumbre «Escudo de las Américas» celebrada en Florida por Donald Trump.
Los países que la integran son: Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, Bahamas, Belice, Guatemala, Jamaica, Perú y Colombia.
El ingreso más reciente es Colombia. El secretario de Defensa Pete Hegseth lo confirmó durante una visita a Panamá. Lo hizo posible el presidente colombiano Abelardo de la Espriella. Autorizó operaciones militares conjuntas con Washington para combatir el narcotráfico. Una decisión que sus antecesores jamás tomaron.
La coalición no es un foro de declaraciones. Es un mecanismo de cooperación militar y de seguridad. Contempla intercambio de inteligencia, entrenamiento conjunto y coordinación operativa. También operaciones marítimas en el Caribe y el Pacífico. Y, según Hegseth, viene algo más: operaciones terrestres en América Latina contra organizaciones narcotraficantes. El funcionario mencionó específicamente a Ecuador y Colombia como socios en esa capacidad en tierra.
México no está. No firmó la declaración inicial. No se ha incorporado después. El país con la frontera más caliente del continente observa desde afuera mientras sus vecinos construyen una arquitectura de seguridad regional.
Que no te lo cuenten. La ausencia de México no es un dato menor. Es el dato central. Los cárteles que operan en territorio mexicano son los mismos que la coalición tiene en la mira. Pero el aparato oficial en Ciudad de México prefiere la soberanía de papel a la cooperación real. El resultado lo pagan los ciudadanos: en sangre, en extorsión, en desplazamiento.
Mientras tanto, De la Espriella hace lo que los gobiernos serios hacen. Negocia con quien puede ayudarlo. Acepta capacidad operativa que su Estado solo no tiene. Eso se llama pragmatismo. En el otro extremo, la burocracia mexicana sigue apostando al relato. El relato no detiene un cargamento de fentanilo. Los hechos, sí.



