El presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri, lo dijo sin rodeos. Hay que pisar el acelerador en las cerca de 30 iniciativas legales de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo. Y en la reforma constitucional, «piano piano».
La distinción importa. No es lo mismo una ley que una reforma constitucional. Los quórum son distintos. Los acuerdos necesarios, también. Y los votos, hoy por hoy, no están.
Alessandri lo reconoció en el programa Desde la Redacción de La Tercera. «Si se votara hoy, los votos no están», afirmó. No es una opinión de la oposición. Es el diagnóstico del titular de la Cámara, diputado UDI.
El problema con el estado de excepción
El gobierno del presidente Boric propone extender el estado de excepción a 120 días, prorrogables a 240. Ocho meses de despliegue militar sin pasar por el Congreso. Alessandri cuestionó esa extensión. No porque no confíe en el gobierno actual. Sino porque la Constitución no se escribe para un solo presidente. «La van a aplicar los próximos 20 presidentes», advirtió.
El punto es de fondo. Una democracia no puede permitir que la fuerza legítima del Estado actúe por meses sin rendir cuentas. Eso lo dijo Alessandri. No lo dice Contrafuego.
La interceptación sin juez
Hay otro flanco. La reforma incluye interceptación de comunicaciones privadas sin control judicial dentro del estado de excepción. Eso generó «escozor» en la bancada UDI, según el propio Alessandri. Chile Vamos también lo cuestionó. El gobierno, al parecer, no calibró bien las resistencias internas antes de presentar el texto.
Alessandri fue directo: darle esa facultad al Ejecutivo por 240 días, sin un juez de por medio, «es algo que hay que discutir».
El plebiscito como amenaza
El gobierno tantea la idea de un plebiscito si el Congreso no avanza. Alessandri no se asustó. Pero sí preguntó lo obvio: ¿no es más útil sentarse en la Comisión de Constitución del Senado y mejorar la reforma? Un plebiscito puede dar popularidad. No necesariamente da seguridad.
Lo que está en juego
Aquí el relato oficial se complica. El gobierno vendió la ACOT como un paquete sólido, con respaldo transversal. La realidad es otra. Las 30 leyes tienen camino. La reforma constitucional, no.
Eso no es un triunfo del narco ni del terrorismo. Es una señal de que el Congreso hace su trabajo. Pero el tiempo corre. Cada semana sin herramientas nuevas es una semana que el crimen organizado aprovecha. La burocracia legislativa tiene costos reales. Los pagan los ciudadanos, no los funcionarios que debaten en comisión.



