El Senado de Colombia autorizó la salida del país del expresidente Gustavo Petro durante un año. La votación del pasado miércoles 12 de agosto arrojó 73 votos a favor y 11 en contra. Petro había presentado la solicitud el lunes 10 de agosto.
El senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, agradeció públicamente al Centro Democrático por su voto favorable. Ese gesto encendió las alarmas dentro de la militancia opositora, que no tardó en exigir explicaciones.
La bancada respondió con un pronunciamiento de seis puntos.
Punto por punto, la defensa del Centro Democrático
Primero: impusieron condiciones al permiso, rechazando una autorización abierta. Segundo: Petro deberá informar fechas y destinos exactos de cada desplazamiento. Tercero: el trámite no es novedad — exmandatarios como Samper, Pastrana, Uribe, Santos y Duque pasaron por el mismo procedimiento. Cuarto: la autorización puede revisarse si cambian las circunstancias jurídicas. Quinto: la oposición se ejerce dentro del marco constitucional, sin persecuciones. Sexto: la posición del partido «sigue intacta».
El documento cierra con una frase que resume la lógica del partido: «A Petro no se le defendió; a Petro se le controla, se le fiscaliza y se le exige responder políticamente por sus actuaciones, correspondiendo a los jueces determinar eventuales responsabilidades».
La bancada anunció que mantendrá revisión periódica de los informes de viaje del expresidente.
La lectura de Contrafuego
Que Cepeda saliera a agradecer al Centro Democrático antes de que el propio Centro Democrático pudiera explicarse dice mucho del momento político en Colombia. El partido opositor terminó apagando un incendio que encendió el aliado de Petro con un simple tuit de cortesía.
La justificación de los seis puntos es constitucionalmente razonable: el procedimiento existe, otros expresidentes lo usaron, y poner condiciones es mejor que dejar un permiso indefinido sin fiscalización. Pero la política no vive solo de argumentos jurídicos. Cuando el bloque oficialista te agradece el voto, el daño de imagen ya está hecho, y ningún comunicado lo borra del todo. El reto del Centro Democrático — y de cualquier oposición seria — es demostrar que el control prometido se ejerce de verdad, viaje a viaje, informe a informe. Eso no se prueba con un documento de seis puntos: se prueba con hechos.



