Dos tercios de los chilenos —el 63%— evalúan positivamente las relaciones entre Chile y Estados Unidos, según el último «Termómetro Político» de la encuesta Descifra, elaborada por la alianza entre Copesa y Artool. Solo el 30% las califica negativamente.
El sondeo se realizó en un momento de tensión real: Washington subió los aranceles a productos chilenos al 12,5% en julio y, más recientemente, solicitó a 19 países de Sudamérica que abandonen la Corte Penal Internacional (CPI). El gobierno de José Antonio Kast ha optado por la vía negociadora, pero la ciudadanía está dividida sobre esa estrategia: el 53% sostiene que «el gobierno de Kast hace mal en negociar y debería subir el tono», mientras que el 43% cree que hace bien en negociar.
Ahí está la paradoja. Los chilenos aprueban el estado general del vínculo —y el 41% considera que mejoró respecto a la era Boric—, pero rechazan casi en bloque las condiciones concretas que EE.UU. pone sobre la mesa.
Los números son contundentes: el 64% se opone a que Chile aumente su gasto militar según lo pide Washington. El 77% rechaza limitar la presencia china en inversiones de tecnología e infraestructura. Y el 75% no quiere abandonar el Estatuto de Roma ni la CPI.
Ese último dato conecta con otra cifra reveladora: al preguntar con qué potencia debería privilegiar Chile sus relaciones diplomáticas y comerciales, el 52% elige a Beijing frente al 43% que opta por Estados Unidos. La influencia económica china en la región no es un relato: es una preferencia ciudadana medible.
La encuesta se aplicó online a 870 casos, con un margen de error de ±3,3% y un nivel de confianza del 95%.
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Lo que revelan estos datos es una ciudadanía que quiere buenas relaciones con EE.UU. siempre que no cuesten nada. Aprobar el vínculo en abstracto y rechazar cada una de sus condiciones concretas no es una postura coherente: es el reflejo de años de narrativa antiestadounidense instalada desde la izquierda, que dejó su huella incluso entre quienes hoy valoran el giro de Kast.
El gobierno enfrenta un tablero difícil: una base ciudadana que le pide más firmeza frente a Washington pero que al mismo tiempo prefiere a Beijing como socio estratégico. Navegar esa contradicción sin ceder soberanía ni aislar a Chile del bloque democrático de mercado es el verdadero desafío. Que no te lo cuenten.



