El Congreso de Colombia elige este martes, a las 5:00 p.m., a los nueve magistrados del Consejo Nacional Electoral (CNE). La votación no es un trámite menor: el CNE inspecciona partidos, vigila su financiación, hace el escrutinio de las votaciones nacionales y decide qué colectividades pueden constituirse como partido político. Fue este organismo, por ejemplo, el que emitió el fallo contra la campaña Petro Presidente 2022.
La distribución de los nueve puestos sigue una cifra repartidora basada en los resultados del Congreso. El Pacto Histórico, con 68 congresistas —la bancada más grande—, tendría derecho a dos de los nueve cupos, con posibilidad de disputar un tercero mediante alianzas. El Centro Democrático, en coalición con el Mira, aspira a dos asientos. Los partidos Liberal, Conservador y U obtendrían uno cada uno. Los dos cupos restantes estarían en disputa entre Cambio Radical y Salvación Nacional.
Ahí está la grieta. Según fuentes consultadas por El Colombiano, existe inconformidad dentro de la coalición de Gobierno porque Salvación Nacional —con apenas cinco curules— ya se quedó con dos presidencias de comisiones este año: la Primera para Gómez y la Tercera para Castellanos. El entendido era que ese respaldo se compensaría apoyando a Cambio Radical en elecciones posteriores, como la del CNE. Ahora, según las mismas fuentes, Salvación Nacional «se habría echado para atrás».
Una fuente enterada resumió el daño: «Se construyó una confianza que, sin ser grande, era el inicio de un proceso. Ahora esa confianza se está resquebrajando: construirla de nuevo en el Congreso no es fácil». La misma fuente señaló que «el ministro del Interior juega un papel importante: debería garantizar mínimo 6 en el CNE para tener mayorías cómodas; y si es posible 7».
Las curules de paz —16 representantes de las víctimas— serían, hasta ahora, el factor decisivo: todo indicaría que respaldarían al candidato de Salvación Nacional, lo que complicaría aún más los cálculos del oficialismo.
El Pacto Histórico, por su parte, evalúa presentar una plancha alternativa para quedarse con tres magistrados y restarle poder a la coalición de Gobierno en el CNE, aunque en ningún caso llegaría a ser mayoría en esa institución. Como resumió un político consultado: «el Pacto está jugando a no quedar como un perdedor».
Que no te lo cuenten. El CNE no es un organismo técnico: es poder político puro, elegido por políticos y ocupado —según la propia fuente— por excongresistas o aspirantes que no lograron curul. La burocracia electoral colombiana se reparte como botín entre colectividades, y el oficialismo petrista lo sabe mejor que nadie. La fractura interna que hoy amenaza su control del CNE no es un accidente: es el precio de haber construido una coalición sobre acuerdos de conveniencia, no sobre principios. Cuando los incentivos cambian, la lealtad se evaporó. El relato de la «coalición del cambio» se cayó solo, esta vez en el hemiciclo.



