No baila. No pide perdón por cazar. Y acaba de convertirse en el decimoséptimo artista country en superar los mil millones de streams en Spotify con una canción de película animada sobre autos.
Gary LeVox, frontman de Rascal Flatts, se sentó con The Daily Wire antes del primer torneo anual de golf BIRDI Celebrity Golf Invitational, evento que organiza a través de su propia marca de gafas deportivas. Este año recaudó 1,25 millones de dólares para Folds of Honor, la organización que apoya a familias de militares caídos o heridos, y planea seguir sumando en el campo de golf.
El grupo acumula 17 números uno, cuatro nominaciones al Grammy y un historial de giras que incluyó abrir puertas a nombres como Taylor Swift, Blake Shelton, Luke Bryan, Little Big Town y Darius Rucker. «Estuvimos en posición de abrirles muchas puertas», dice LeVox sin alarde.
Pero lo que más incomoda a cierto sector de internet no son sus récords: es que caza. Publica fotos de cacería de patos, alces en Oregón y venados en Tennessee, y recibe respuestas del tipo «nunca volveré a comprar una entrada». Su reacción es tan directa como su música: «¿Alguna vez comiste una hamburguesa? Yo solo cosecho la mía». Y para quienes se escandalizan, tiene un consejo sin filtro: «Necesitan terapia, buscar una iglesia o algo así».
LeVox vive en un rancho en Nashville, se levanta temprano cuando está en casa y reconoce que después de décadas de giras el reloj biológico no se resetea fácil. Cuando no actúa, prefiere estar cazando o pescando. Sin más.
Su single más reciente, «Paradise», iba a debutar en la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos en Washington el 4 de julio. No hubo actuaciones por un aviso de rayos. «Fueron tres días que no recupero», dice entre risas. «Necesitaba un baño después de eso. Necesitaba ser bautizado».
Sobre el origen de todo lo que ha logrado, LeVox no deja margen para la ambigüedad: «Dios se lleva todo el crédito».
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Hay algo refrescante —y cada vez más escaso— en una figura pública que no negocia su identidad con la audiencia más ruidosa de las redes. LeVox caza, cría ganado, organiza torneos de golf para veteranos y vende vino de Willamette Valley. No pide permiso ni ofrece explicaciones.
En un medio cultural donde el entretenimiento se ha convertido en plataforma de adoctrinamiento, un artista que simplemente hace música, da gracias a Dios y dona millones a familias de militares es, paradójicamente, el acto más contracultural del año. Que no te lo cuenten.



