El Departamento de Estado publicó un video. En él afirma, sin rodeos, que el dominio estadounidense en el hemisferio occidental «nunca más será cuestionado». La frase no pasó desapercibida.
Ricardo Zúñiga la tomó como punto de partida. Exdiplomático de carrera durante 30 años en el Servicio Exterior Superior de EE.UU., fue uno de los arquitectos secretos de las negociaciones que restablecieron relaciones entre Washington y La Habana bajo Obama. Hoy es socio fundador de Dinámica Américas, firma de consultoría con sede en Washington. Habló con La Tercera.
Su diagnóstico es directo: «Es una visión muy de un imperialismo modernizado, pero sin complejos desde el punto de vista de ellos». Según Zúñiga, Trump parte de la convicción de que el mejor momento de EE.UU. fue en la segunda mitad del siglo XIX. El video del Departamento de Estado, dice, alaba explícitamente el modelo de McKinley y de Teddy Roosevelt. Usa la palabra «dominar». Repite «dominar la región».
Eso choca. Choca con décadas de política exterior más ortodoxa. Choca, sobre todo, con la ausencia de un respaldo claro a la democracia y al Estado de Derecho. Zúñiga lo señala como uno de los elementos más perturbadores para aliados tradicionales de Washington.
Sobre los gobiernos de la región, traza una línea. Hay quienes están ideológicamente alineados con Trump: un populismo de derecha enfocado en seguridad. Menciona a Milei, a Noboa, a Bukele y a Abelardo de la Espriella en Colombia. Luego hay una mayoría que simplemente intenta sobrevivir el momento. Mantener una relación «por lo menos correcta» con EE.UU. El riesgo de una relación negativa, dice, es demasiado elevado.
Pero el alineamiento tiene sus límites. Zúñiga pone el ejemplo del propio Noboa: «muy, muy fiel» a Washington, y aun así viaja a Beijing. Chile también lo hace. La relación comercial con China, dice, es otra cosa. Eso es general.
Sobre la competencia con Beijing, lanza una observación que incomoda el relato oficial: «China casi no está tratando de priorizar las Américas». Está enfocada en otras partes del mundo. Hay, según él, un desequilibrio en el marco que distorsiona todo el análisis.
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Que no te lo cuenten. Zúñiga viene del establishment demócrata. Su crítica a Trump es predecible. Pero hay datos en su análisis que merecen atención independientemente del origen. La región navega una tensión real: soberanía frente a dependencia, libre empresa frente a burocracia de bloques. Los gobiernos que apuestan por el orden, la inversión y la seguridad —los que Zúñiga mismo menciona— son los que mejor posición negociadora tienen hoy. Esa es la lección. No el lamento por la ausencia del multilateralismo progresista de Bruselas o de la OEA.



