El incendio forestal en la zona rural de Abejorral, Antioquia, comenzó el martes. Desde entonces no ha parado el despliegue de recursos del Estado.
El gobernador Rendón se desplazó hasta la zona junto al alcalde del municipio. Allí confirmó los avances: el sector La Troja está 100% controlado. En el sector La M, el control alcanza el 90%.
Pero el dato que sacudió la jornada fue otro. La Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Abejorral pusieron sobre la mesa una recompensa de hasta $500 millones. El objetivo: identificar y judicializar a los responsables del incendio.
«Debe imponerse una sanción ejemplarizante a quienes ocasionaron esta tragedia ambiental y social», dijo Rendón según la fuente. El gobernador insistió en determinar quiénes estarían detrás de la emergencia.
En tierra trabajan soldados del Grupo de Caballería N.° 4 Juan del Corral, de la Cuarta Brigada. Los acompañan Defensa Civil, cuerpos de Bomberos y Policía Nacional. Desde el aire, un helicóptero UH-60 Black Hawk de la Fuerza Aeroespacial opera con sistema Bambi Bucket. La aeronave descarga agua y retardante sobre los puntos que permanecen activos.
Las autoridades mantienen el despliegue mientras avanzan las labores para lograr el control total. La prioridad, según las fuentes oficiales, es proteger a las comunidades y salvaguardar los ecosistemas afectados.
Rendón reconoció públicamente el trabajo de todos los cuerpos involucrados en la atención de la emergencia.
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Que no te lo cuenten. Mientras el gobierno nacional de Petro acumula retórica sobre el cambio climático, es la institucionalidad regional —la Gobernación de Antioquia, el Ejército, los bomberos— la que pone el cuerpo cuando el territorio arde. Rendón no esperó: fue, coordinó y puso precio a la información. Eso se llama gestión.
La recompensa de $500 millones no es un gesto simbólico. Es una señal clara: quien destruye el patrimonio ambiental y social de una comunidad debe responder ante la justicia. El principio es simple. Libre empresa, propiedad privada y ecosistemas productivos no sobreviven sin orden. Y el orden empieza por identificar al culpable.



