El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, no quiere sentarse a negociar todavía. Su entorno lo dice sin rodeos: «Tenemos tiempo para definir, ya llegará el momento de negociar». La estrategia es acumular primero, repartir después.
Mientras Sergio Massa y Máximo Kirchner esperan una definición, Kicillof recorre provincias, firma convenios y teje una red que ya tiene nombre propio: Movimiento Derecho al Futuro (MDF). El aparato funciona con un grupo de WhatsApp llamado «MDF Provincias» y con ministros que hacen de avanzada territorial en Mendoza, Chaco y otros distritos donde el peronismo perdió en 2023.
Esta semana el gobernador viajará a Chaco para participar del acto de normalización de la CGT local, almorzar con dirigentes en Colonia Benítez y presentar su libro «De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico». Lo recibirá el senador nacional Jorge Capitanich. Detrás de la agenda están el secretario del Interior de la CGT, Héctor Daer, y el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque.
La semana siguiente, Kicillof abrirá el seminario «Peronismo por Peronistas» en la sede del PJ bonaerense. Serán siete paneles, desde las 10 de la mañana hasta las 15. Llegarán dirigentes de Jujuy, Neuquén, Salta, La Rioja y Santa Fe, entre otros. La vicegobernadora Verónica Magario cerraría el acto. El evento lo impulsa el Frente Nacional Peronista y lo articuló el director del Banco Provincia, Julio Pereyra.
En La Plata reconocen que hoy hay solo dos candidatos para las elecciones del año que viene: Javier Milei y Axel Kicillof. Con ese diagnóstico, el gobernador interpreta que fortalecer el MDF le dará poder de negociación frente a los gobernadores peronistas, el Frente Renovador de Massa y el kirchnerismo.
El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, opera como filtro en su despacho: diputados, senadores e intendentes de otras provincias desfilan por La Plata. Algunos llegan hasta el primer piso, donde despacha el propio Kicillof.
Que no te lo cuenten. Lo que se presenta como gestión —giras, convenios, seminarios partidarios— es, en los hechos, una campaña presidencial en marcha. El aparato estatal bonaerense, con sus ministros como operadores territoriales y el Banco Provincia como palanca de contactos, financia políticamente la expansión de un candidato que todavía no se declara como tal. El contribuyente bonaerense paga la estructura; Kicillof cosecha los votos. La doble vara de siempre: la misma izquierda que denuncia el «macrismo» construye su poder con los mismos recursos que siempre criticó.



