La Casa Blanca publicó el reporte The Great Transshipment Scam. Ahí ubica a México en el grupo de «Líderes de escala diversificada». Lo acompañan Canadá, la Unión Europea, India, Israel, Japón, Corea del Sur y Taiwán.
El mecanismo es simple. Mercancías de origen chino llegan a un tercer país. Ahí reciben ensamblaje ligero, reempaque, cambio de etiquetas o nueva documentación. Sin transformación real. El objetivo: que el producto parezca originario de otro país y evite los aranceles que enfrentaría si se declarara chino.
Las cifras son reveladoras. La Casa Blanca estima el flujo anual de transbordo ilegal entre 40 mil millones y 303 mil millones de dólares, según la metodología. El Departamento de Comercio calcula unos 67 mil millones de dólares transbordados desde China a través de México, India y Vietnam solo en 2025.
México tiene un papel especial en este esquema. Su acceso preferencial al mercado estadounidense vía T-MEC es el anzuelo. Según el reporte, mercancías chinas canalizadas por México podrían obtener tratamiento preferencial. Un arancel específico aplicado a productos chinos podría reducirse incluso hasta cero.
El informe señala un corredor concreto: Guanajuato-Querétaro. Ahí identifica posible concentración de operaciones con motores eléctricos, generadores, transformadores y convertidores estáticos. La Casa Blanca vincula ese corredor con presión sobre productores de Detroit, Grand Rapids e Indianápolis.
El propio documento aclara que no todo el comercio de esos productos desde México es ilegal. Reconoce que parte del cambio en los flujos puede responder a inversiones legítimas y nuevas cadenas de suministro. Pero considera que el momento, la magnitud y la dirección de los movimientos justifican una investigación mayor. Estados Unidos estima que el fenómeno involucra a más de 40 países.
Que no te lo cuenten. El T-MEC fue vendido como el gran acuerdo que modernizaría a México. Hoy la Casa Blanca lo señala como una palanca que el aparato exportador chino estaría usando para colarse al mercado estadounidense sin pagar el costo arancelario. El relato se cayó solo.
La pregunta que el gobierno mexicano no puede esquivar es esta: ¿cuánto de lo que sale por sus aduanas es manufactura real y cuánto es simple cambio de etiqueta? La burocracia puede ignorar el reporte. Los aranceles, no.



