La Unión Demócrata Independiente llega al proceso de renovación de su directiva con una grieta que ya no puede disimularse. El senador Gustavo Sanhueza lo dijo sin rodeos en entrevista con La Tercera: «Va a haber competencia dentro de la UDI. Jorge Alessandri sabe que habrá competencia y se están articulando posibles listas que van a competir por la directiva del partido».
La declaración desafía el esfuerzo de semanas por construir una lista de consenso encabezada por el diputado Jorge Alessandri como candidato a la presidencia del partido y Pablo Longueira como carta a la secretaría general.
El problema tiene nombre y apellido. Entre parlamentarios y parte de la directiva es extendida la visión crítica hacia Longueira. El exsenador ha mantenido un tono duro contra el gobierno de José Antonio Kast —«el nivel de improvisación a mí me sorprende», dijo en radio ADN— y este mes sorprendió al criticar públicamente en CNN a María José Hoffmann, una de las vicepresidentas de la colectividad, señalando que no le gustaría que ella integre la lista. Un veto de ese tipo, afirman en el partido, «es inaceptable».
La pregunta que circula entre los parlamentarios es directa: «¿Qué va a pasar cuando Longueira critique al gobierno en nombre del partido? Alessandri va a tener que salir a aclarar sus dichos a cada rato», cuestiona uno de ellos.
Longueira intentó calmar las aguas con un mensaje a la militancia. «Jamás he vetado a alguien», escribió, y aclaró que fue preguntado «sorpresivamente» sobre Hoffmann en Tolerancia Cero. Agregó que dice «en público lo mismo que en privado» y que no cambiará. Antes, en entrevista con El Líbero, había abierto la puerta a la competencia: «El que quiera, compite».
Sin embargo, la postura de Sanhueza tampoco genera consenso. Algunos parlamentarios cuestionan que el senador haya adelantado que habrá competencia sin poner nombres sobre la mesa. «Muchos reconocen la disidencia hacia Longueira. Pero, en la suma y resta, la figura de Alessandri se impone», señala un diputado.
El partido no celebra un proceso electoral interno desde 2020, cuando el senador Javier Macaya venció al exministro Víctor Pérez. Quienes defienden la competencia argumentan que unas elecciones activan a la militancia y devuelven al partido su sentido popular. La elección de mesa se resolverá durante el verano, lo que deja margen para nuevos movimientos.
Lo que está en juego aquí va más allá de un cargo interno. La derecha chilena necesita partidos con dirección clara, capaces de articular una oposición coherente y de proyectar gobierno. Una UDI que llega a su congreso con vetos cruzados, críticas al propio espacio político y listas sin nombres concretos no transmite solidez institucional. Si la militancia no tiene a quién votar, el proceso se convierte en una disputa de cúpulas —exactamente lo que la derecha debería evitar si quiere recuperar la confianza del electorado que le dio la presidencia a Kast.



