El senador Iván Moreira (UDI) tomó la iniciativa. Antes de que el proyecto entrara formalmente al Senado, salió a defenderlo en público. Lo hizo en su cuenta de X. Sin rodeos.
El detonante fue un borrador filtrado a La Tercera. Ese documento revela que el gobierno del Presidente José Antonio Kast busca un cambio constitucional para combatir el crimen organizado. La propuesta es concreta: excluir de prestaciones sociales —salud, educación, laborales y previsionales— a los condenados por delitos graves vinculados al narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado. La exclusión se extendería hasta 15 años después de cumplida la condena.
La reacción de la clase política fue inmediata. Algunos parlamentarios, como Matías Walker, ya adelantaron posición. A favor o en contra, sin haber visto el texto definitivo. Moreira los frenó en seco.
«Por un borrador que trasciende sin conocer texto definitivo y sin entrar el proyecto al Senado, no se puede adelantar votación a favor o en contra», escribió el senador por la Región de Los Lagos.
El mensaje fue claro. El Senado existe para mejorar proyectos, modificarlos, corregirlos y alcanzar acuerdos. No para el espectáculo del rechazo anticipado.
Moreira también apeló al hartazgo ciudadano. «Los chilenos aspiran a que no existan polémicas de los políticos y se resuelva el tema de seguridad», señaló. Y cerró con un diagnóstico que pocos se atreven a decir tan directo: «Chile es un país desde hace años en donde el crimen organizado y la delincuencia sobrepasó al Estado».
Que no te lo cuenten.
Lo que está en juego aquí no es un borrador. Es la pregunta de fondo: ¿tiene el Estado voluntad real de actuar, o seguirá administrando el caos con más burocracia y más gasto? La propuesta de Kast toca un nervio legítimo. Si el crimen organizado usa las prestaciones del Estado como red de soporte, el Estado tiene razón en revisarlo.
La oposición refleja ya adelantó su rechazo. Lo hizo antes de leer. Eso dice todo sobre sus prioridades. El relato de la «conquista social» no puede ser escudo para quienes destruyen la convivencia. Moreira lo sabe. Y lo dijo.



