Andy López Beltrán se quedó sin visa para ingresar a Estados Unidos. La reacción del partido en el poder no se hizo esperar: el Consejo Nacional y los Consejos Estatales de Morena emitieron un pronunciamiento en el que rechazaron lo que calificaron como «el uso político de decisiones administrativas externas» contra integrantes de su movimiento.
El documento, según la fuente, no menciona directamente a López Beltrán. Aun así, el posicionamiento ocurrió en plena polémica por la situación migratoria del hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. El timing no es casualidad: es política.
Morena sostuvo en su comunicado que existe una estrategia con «pretensiones injerencistas» y cuestionó que decisiones tomadas fuera del país sean utilizadas para presionar políticamente a integrantes del movimiento. También lanzó críticas contra sectores de la oposición mexicana, a los que acusó de aprovechar el episodio para desacreditar a la 4T.
El partido fijó además su postura sobre la relación bilateral: vínculos con Washington bajo principios de respeto a las soberanías, coordinación sin subordinación. Una línea que, según la fuente, retoma el planteamiento central de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El contexto importa. López Beltrán ha participado en actividades partidistas y recorridos políticos de cara al proceso electoral de 2027, lo que ha alimentado versiones sobre sus aspiraciones dentro del movimiento. La cancelación de su visa ocurre, precisamente, cuando su nombre tiene mayor exposición pública.
La maniobra de Morena es conocida: tomar un hecho incómodo —la negativa de un gobierno extranjero a dejar entrar a un operador político— y reencuadrarlo como agresión imperial contra México. El partido evitó centrar su mensaje en López Beltrán y optó por defender genéricamente a «los integrantes de su movimiento».
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego aquí no es la soberanía de México: es el blindaje de una figura que el aparato morenista proyecta hacia 2027. La burocracia del partido convierte un trámite consular en causa nacional, y la presidenta Sheinbaum avala implícitamente el marco. Mientras tanto, la oposición señala la creciente presencia de López Beltrán en la estructura partidista. El relato de la soberanía herida es cómodo; los hechos, más prosaicos: un hijo de expresidente sin visa y un partido que necesita que eso no parezca lo que es.



