El senador Pedro Araya (PPD) no se muerde la lengua. Presidente de la Comisión de Constitución y voto difícil para el gobierno de Kast ante la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), Araya lanzó una advertencia que debería preocupar a La Moneda: «Yo creo que el segundo gran quiebre de la oposición va a venir con este proyecto de seguridad».
El diagnóstico es claro. Al interior de la centroizquierda, dice Araya, «desde el PC hasta la DC, hay distintas miradas de cómo abordar los problemas de seguridad». Ya ocurrió antes: en la Cámara, el Frente Amplio y el PC rechazaron una iniciativa que contó con el voto favorable de buena parte del Socialismo Democrático. El efecto Ley Nain-Retamal dejó cicatrices.
Araya no ahorra críticas al ministro de Seguridad Pública, Arrau. La distancia viene de lejos: en 2021, cuando Arrau era constituyente, levantó una denuncia sobre supuestas cuentas bancarias con millonarios movimientos en paraísos fiscales que involucraba a Araya y a otras figuras políticas como Michelle Bachelet, Álvaro Elizalde y Javiera Blanco. La Fiscalía investigó y concluyó que las cuentas no existían. Arrau, según Araya, nunca ofreció disculpas.
En términos de gestión, el senador es lapidario: «La exministra Steinert tenía mejor desempeño que Arrau. Arrau solo ha tenido buena prensa, porque se disfraza, cada cierto tiempo, de carabinero, de marinero, dependiendo de dónde esté».
Sobre el Presidente Kast, Araya es igualmente directo: «El Presidente Kast lo que ha hecho es más bien una agenda de carácter comunicacional. Tiene un profundo error de diagnóstico y no tiene soluciones reales y concretas para abordar los problemas de seguridad». Y agrega: «Mi impresión personal es que el Presidente Kast está muy mal asesorado en esta materia».
Aun así, Araya no cierra la puerta del todo. Dice estar «disponible a jugar el rol que haya que jugar, en la medida en que sean proyectos serios». También adelantó que conversará con su hermano, el diputado Jaime Araya, con quien reconoce tener «criterios comunes» en seguridad, aunque no en todo.
Que no te lo cuenten. Lo que revela esta entrevista no es solo la fractura opositora que se avecina: es el estado real del debate sobre seguridad en Chile. Un gobierno que hizo de ese tema su bandera de campaña lleva cuatro meses sin convencer ni siquiera a los legisladores de centroizquierda más dispuestos al diálogo. Y una oposición que tampoco tiene consenso interno sobre qué hacer con el crimen organizado. El ciudadano de a pie, mientras tanto, sigue pagando el costo de esa parálisis con su seguridad y su tranquilidad. El relato se cayó solo, de ambos lados.



