Que no te lo cuenten. La reforma de seguridad del gobierno de Boric no está siendo atacada solo por la oposición: su propio bloque la está desarmando desde adentro.
Paulina Vodanovic, senadora y presidenta del Partido Socialista, fue categórica en Radio Duna: «No hay un plan, no hay un plan, y lo que hoy día vemos es una improvisación que no se puede permitir en materia de seguridad». No lo dijo un diputado de derecha. Lo dijo la jefa del partido que sostiene al gobierno.
Vodanovic aclaró que su crítica no es «contra la seguridad», sino «contra la mala técnica legislativa que se está usando». Pero el diagnóstico de fondo es demoledor: un proyecto «mal hecho», que no consultó a los propios aliados y que, según ella, no tendría los votos necesarios para avanzar. «Lo normal sería retirar el proyecto», afirmó sin rodeos.
El blanco principal de sus dardos es el ministro Arrau. «Lo que yo veo es una tozudez del ministro Arrau. Aquí hay una tozudez del gobierno de hacer un proyecto que no le consulta a los propios, mucho menos a la oposición», sentenció la senadora.
Sobre el nuevo estado de excepción propuesto, Vodanovic fue igualmente dura: «Está muy mal planteado, jurídicamente». Y lanzó una exigencia directa al presidente: «A mí me gustaría escuchar una autocrítica del presidente». Recordó además que «cuando se le echó la culpa de todo a la ministra Steinert, lo que está ocurriendo ahora es bastante peor». Una comparación que no deja bien parado al equipo actual.
También cuestionó que el regreso del ministerio de Seguridad a La Moneda vaya a producir alguna mejora real. Y sobre la propuesta de la presidenta del Frente Amplio, Gael Yeomans, de formar una coalición opositora unificada, Vodanovic fue fría: «Hoy día no hay un ánimo generalizado de poder constituir en una sola coalición».
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Esto es lo que ocurre cuando un gobierno construye su agenda de seguridad sobre el relato y no sobre resultados. La improvisación que denuncia Vodanovic no es un accidente: es la consecuencia natural de priorizar la narrativa política por encima de la técnica y el orden institucional. Chile lleva años esperando respuestas concretas al crimen organizado, y lo que recibe es un proyecto sin votos, sin consulta y sin plan.
Cuando la presidenta del partido de gobierno usa las mismas palabras que la oposición más crítica, el relato se cayó solo. La pregunta ya no es si la reforma sobrevive: es cuánto daño adicional acumula un gobierno que sigue adelante por pura tozudez.



