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Un festival de tomates en Nashville y la bandera arcoíris se adueñó del vecindario

Una residente describe cómo el Tomato Art Fest de East Nashville, en su edición número 23, combinó tradición local con una estética que, según ella, dejó a las familias consumiendo más activismo que tomates.
Foto: dailywire.com
miércoles 12 de agosto de 2026

Cada agosto, el histórico barrio Five Points de East Nashville celebra el Tomato Art Fest, un evento de dos días que lleva 23 años rindiendo homenaje al tomate. El lema oficial lo presenta como «A Uniter, NOT A Divider! Bringing Together Fruits & Vegetables». Una residente recién llegada de Los Ángeles fue a comprobarlo y escribió su crónica en The Daily Wire.

Lo que encontró no fue exactamente un mercado de agricultores. Según su relato, bandas de preparatoria desfilaron con coreografías ejecutadas bajo las instrucciones de hombres con maquillaje completo. Un bar gay aportó una bola de discoteca roja tomate y música electrónica a todo volumen desde temprano en la mañana. Pequeños niños observaban mientras asistentes en atuendos de festival muy escasos se reunían en la calle.

La autora describe también la presencia de campañas políticas en el desfile, una pequeña organización de izquierda que gritaba algo sobre votar y plantar semillas, y varios hombres que se identifican como trans entre la multitud. A uno de ellos le entregó un abanico de papel que no estaba usando; se sonrieron. «Era amable», escribe. Y se pregunta si él la odiaría por haber escrito un reportaje sobre Chloe Cole para su trabajo.

El tomate, por cierto, brilló por su ausencia. Los pocos que vio estaban ensartados como collar por un asistente. Los puestos de comida ofrecían acai bowls, mac and cheese y barbacoa. «Acai bowls, mac and cheese y barbacoa no exactamente gritan 'festival del tomate'», anota con ironía.

El tomate es fruto oficial del estado de Tennessee desde 2003, dato que la autora menciona al paso, aunque señala que la Corte Suprema lo clasificó como vegetal en 1893, según su propio texto.

Su conclusión es personal y directa: «La vibra 'Pride' puede ser excluyente, convirtiendo el arcoíris —una promesa que era para todos— en símbolo de un equipo particular». Y añade que lo vio ocurrir en su vecindario de Los Ángeles: «Las familias seguirán yendo, pero consumirán un 100% más de drag para poder hacerlo. Y aún menos tomates».

Lo que esta crónica pone sobre la mesa es una pregunta legítima que muchos vecinos de comunidades similares se hacen en silencio: ¿puede un festival local seguir siendo de todos cuando su estética y su agenda se alinean tan visiblemente con una sola tribu cultural? La autora no pide prohibir nada. Pide tomates. Y un poco de coherencia entre el cartel y el contenido. Que no te lo cuenten.

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