El gobierno de Estados Unidos despachó cerca de 220.000 libras —aproximadamente 10 toneladas— de suministros de refugio, agua, saneamiento e higiene hacia Colombia como respuesta al terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país la semana pasada. Así lo confirmó el Comando de Transporte militar estadounidense a través de la red social X.
El material salió de un almacén del Departamento de Estado en Miami con el soporte logístico del Comando Sur de EE.UU. (SOUTHCOM). El envío se suma a una partida de 26,5 millones de dólares que el Departamento de Estado había anunciado para las labores de reconstrucción e infraestructura.
España e Italia también se sumaron al esfuerzo: ambas naciones aportarán 1,5 millones de euros para atender la emergencia. Por su parte, la Cancillería colombiana confirmó haber recibido más de 220 toneladas de ayuda humanitaria procedentes de El Salvador, México, Chile y Perú, además de 144 integrantes de equipos internacionales especializados.
El balance más reciente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) registra 287 personas fallecidas, 4.147 heridas y 194 desaparecidas. La cifra de viviendas averiadas ascendió a 127.557, según los datos consolidados al cierre de la primera semana tras el sismo.
Las fuentes también recogen que la familia más rica de Colombia anunció una donación de 8 millones de dólares destinados a la reconstrucción de hospitales y escuelas en Cali.
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Lo que muestran estos números es sencillo: cuando ocurre una catástrofe real, son la logística militar, el capital privado y la cooperación entre naciones las que ponen recursos sobre el terreno. Washington no esperó resoluciones ni cumbres: movilizó suministros desde Miami con apoyo del SOUTHCOM. La iniciativa privada colombiana comprometió 8 millones de dólares para infraestructura crítica. Eso es acción concreta, no retórica.
Colombia necesita reconstrucción, inversión y orden jurídico que atraiga más recursos como estos. El debate ideológico puede esperar; los 127.557 hogares averiados y los 194 desaparecidos, no. Que no te lo cuenten.



