Un nuevo informe de Polaris National Security titulado Stars and Stragglers evaluó a 20 países aliados o socios de Estados Unidos en cuatro dimensiones: infraestructura tecnológica, política económica, cooperación militar y posiciones diplomáticas. El resultado es incómodo: diez naciones reciben la etiqueta de «Stars» por tomar medidas concretas contra la influencia de Beijing; las otras diez son «Stragglers», países que no solo no frenan a China sino que, según el reporte, «socavan activamente los esfuerzos de EE.UU.»
Entre los destacados, Australia prohibió Huawei, absorbió aranceles chinos sin ceder y, según el informe, «comprometió casi 3.000 millones de dólares para expandir la capacidad submarina de EE.UU. y el Reino Unido». Recibió además un préstamo condicional de 400 millones de dólares para un proyecto aeroespacial y de defensa. Japón también figura como «Star»: el reporte señala que «salvo Taiwán, ningún aliado de EE.UU. está más cerca de la línea de fuego de las ambiciones de China». Completan la lista India, Israel, Lituania, Palau, Paraguay, Filipinas, Taiwán y Ucrania.
Del otro lado, el cuadro es preocupante. El comercio de Brasil con China alcanzó los 171.000 millones de dólares —más del doble que con EE.UU.— y Huawei controla cerca del 44% de sus redes 5G. Canadá redujo sus aranceles a los vehículos eléctricos chinos del 100% al 6% y se fijó como meta aumentar sus exportaciones a China en un 50%. Corea del Sur registra alrededor de 340.000 millones de dólares en comercio con Beijing y la mitad de sus importaciones de minerales de tierras raras provienen de allí; el reporte describe esa asociación como «irreversible». Francia, por su parte, ha promovido la inversión china en energía nuclear e inteligencia artificial. Tailandia aprobó un proyecto ferroviario de alta velocidad por 10.000 millones de dólares bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta del PCCh.
Sebastian Borda, director ejecutivo de Polaris National Security, fue directo: «China es el desafío de seguridad nacional definitorio de nuestro tiempo y Estados Unidos no puede enfrentarlo solo». Añadió que «muchos aliados están a la altura, pero otros aún no han igualado esa determinación».
Que no te lo cuenten. Lo que el informe deja en evidencia no es solo una disputa geopolítica abstracta: es una elección concreta entre el libre mercado con reglas y el modelo de dependencia que Beijing exporta junto con sus infraestructuras y sus chips. Cada kilómetro de tren bajo la Franja y la Ruta, cada torre 5G de Huawei y cada tonelada de tierra rara que pasa por puertos chinos es una palanca que Beijing acumula. Los «Stragglers» no son víctimas del sistema; son actores que calculan sus intereses a corto plazo y dejan que otros paguen la factura de la disuasión. La pregunta que el reporte lanza al aire es sencilla: ¿cuánto tiempo más sostendrá Washington ese peso sin exigir cuentas?



