El precio del petróleo volvió a superar los 90 dólares por barril el 17 de agosto de 2026. La causa es conocida y no ha cambiado: el estrecho de Ormuz sigue siendo una incógnita, y el estancamiento diplomático entre Estados Unidos e Irán no da señales de resolverse.
El Brent del Mar del Norte para entrega en octubre cerró en 90,87 dólares, con un avance del 2,66%. El West Texas Intermediate (WTI) subió 2,55% y quedó en 84,50 dólares. Dos referencias, un mismo mensaje: el mercado está cobrando una prima de riesgo por lo que podría pasar en ese corredor marítimo que conecta el Golfo Pérsico con el océano abierto.
El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, declaró que las escoltas militares permiten sacar entre ocho y nueve millones de barriles diarios a través del estrecho. Es decir, el flujo no se ha cortado del todo, pero depende de presencia militar activa. Eso no es estabilidad; es gestión de crisis.
Desde Teherán, el portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baqai, sostuvo que el plazo de 60 días previsto en el entendimiento entre Washington y Teherán dejó de tener vigencia debido a las acciones estadounidenses. El reloj diplomático, según Irán, ya no corre.
El presidente Trump subió la temperatura con una advertencia directa: «Si Omán se interpone, lo bombardearemos», dijo, en referencia al papel del país en los contactos con Irán. Una declaración que no pasó desapercibida en los mercados.
El analista David Morrison, de Trade Nation, lo resumió sin rodeos: «el estancamiento diplomático entre Washington y Teherán sobre el tránsito por el estrecho de Ormuz ha mantenido elevados los precios del crudo». Arne Lohmann Rasmussen, de Global Risk Management, añadió que existe un debate sobre si el mercado está subestimando la cantidad de petróleo que logró salir de Medio Oriente.
Wall Street cerró en rojo. El S&P 500 perdió un 0,5% en una sesión marcada por el doble golpe del petróleo caro y el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años, que alcanzó el 5,31%, su nivel más alto desde 2007. El analista Patrick O'Hare, de Briefing.com, explicó que «cuando tienes un movimiento como ese en el petróleo y las tasas de interés, tiende a convertirse en un obstáculo» para la toma de riesgos. Las bolsas europeas de Londres, París y Fráncfort también cerraron con pérdidas.
Que no te lo cuenten. Cada dólar que sube el barril es un impuesto invisible que pagan los consumidores, las empresas y los contribuyentes de medio mundo. La burocracia diplomática y la incapacidad de cerrar un acuerdo real con Teherán tienen un costo concreto, medible, que se refleja en la gasolinera y en la factura energética. El libre mercado puede absorber shocks, pero no puede sustituir a una política exterior que funcione. Mientras el estrecho siga siendo rehén del relato iraní y de la ambigüedad de sus intermediarios, el precio del crudo seguirá siendo el termómetro más honesto del desorden geopolítico.



