El ministro de Exteriores iraní, Araqchi, fue directo. Dijo que Estados Unidos cometió «un error de cálculo aún mayor» con el estrecho de Ormuz que el que cometió con la guerra. No es una metáfora. Es una advertencia pública, en redes sociales, con nombre y apellido.
El mensaje de Araqchi fue breve y cargado. «Peor que las noticias falsas es la Inteligencia falsa. Cuidado», escribió. Cerró el texto recordando que Alá es «más grande que cualquier poder en la Tierra». El subtexto no requiere traducción.
El día anterior, Trump había sido igual de directo en sentido contrario. «Es nuestro», afirmó sobre el estrecho. Advirtió que Irán recibiría «una paliza» si intentaba algo. «Ahora mismo estamos en una posición muy buena», remató.
La Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, organismo creado por Teherán para gestionar el tráfico por Ormuz, respondió sin rodeos. Calificó las afirmaciones de Washington de «repetidas». Dijo que «no cambian la realidad». Y cerró con una frase que resume la posición iraní: «El estrecho de Ormuz sigue bloqueado y no se reabrirá hasta que se acepten las condiciones de Irán».
¿Cuáles son esas condiciones? Tres. Que Estados Unidos levante el bloqueo de puertos iraníes. Que libere los activos congelados en bancos extranjeros. Y que haya un alto el fuego que incluya también a Líbano y Gaza. Israel, por su parte, ya advirtió que no aceptará ningún acuerdo que le exija cesar sus operaciones militares.
Mientras tanto, Trump baraja nuevas sanciones económicas y no descarta más ataques para forzar la reapertura del estrecho.
Aquí está el problema real. Ormuz no es un símbolo. Es la arteria por la que circula una parte sustancial del petróleo mundial. Cada día que permanece bloqueado es un golpe directo al comercio global, a los precios de la energía y a las economías que dependen del libre tránsito marítimo. El libre mercado no funciona con estrechos cerrados por decreto de un régimen teocrático.
Teherán sabe exactamente lo que tiene entre manos. Usa el estrecho como palanca de negociación porque es lo único que le queda después de encajar los golpes militares. Trump tiene razón en no ceder. Pero «es nuestro» no basta como estrategia. La reapertura de Ormuz exige presión sostenida, no solo titulares. Que no te lo cuenten.



