Un preso palestino cumple cadena perpetua en Israel. Se llama Basel al-Asmar. Está en la prisión de Nafha, en el Néguev. Fue condenado por su papel en el asesinato del exministro de Turismo israelí Rehavam Ze'evi, ejecutado en el Hotel Hyatt de Jerusalén el 17 de octubre de 2001. También fue condenado por pertenecer al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), organización terrorista.
Ahora su esposa, Sanabel Al-Ra'i, anunció el nacimiento de gemelos —un niño y una niña— en un hospital de Qalqilya. Lo reportaron medios palestinos citados por The Jerusalem Post. Los medios afiliados a Hamás celebraron el nacimiento. Un video en Instagram, compartido por una influencer palestina, muestra aparentemente a Al-Ra'i en una cama de hospital con los dos recién nacidos.
La historia detrás es retorcida. Según el sobrino de Al-Asmar, que habló con medios palestinos, los intentos de concebir con esperma supuestamente sacado de contrabando duraron cerca de dos años antes de lograr el embarazo. La pareja se conoció cuando Al-Ra'i visitaba a su hermano en prisión. Su hermano, Shaher Al-Ra'i, era miembro del FPLP y fue sospechoso en la muerte de dos excursionistas israelíes, aunque nunca fue condenado por esos crímenes. Al-Asmar y Sanabel Al-Ra'i se casaron por poder.
El Servicio de Prisiones de Israel fue tajante. En declaraciones al Jerusalem Post, afirmó que no existe evidencia científica que confirme la paternidad de Al-Asmar. Agregó que este tipo de operaciones son imposibles: desde el 7 de octubre de 2023, los presos no tienen contacto alguno con el exterior. El servicio vinculó ese cambio de política al comisionado Kobi Yaakobi y a su gestión.
No es un caso aislado. Según medios palestinos citados por el Jerusalem Post, más de 100 niños habrían nacido por contrabando de esperma de presos palestinos desde 2012. Entre ellos, el preso Ahmad Shamali afirmó haber tenido cuatrillizos en 2023.
El relato tiene una lógica clara. Para ciertos sectores palestinos y sus aliados mediáticos, engendrar hijos desde la cárcel es un acto de resistencia. Lo celebran. Lo difunden. Los medios de Hamás lo amplifican. Es propaganda con pañales.
Lo que está en juego es más profundo que una anécdota carcelaria. Un Estado que mantiene presos a terroristas condenados enfrenta una guerra de narrativa permanente. Cada hijo anunciado es un titular. Cada titular es un golpe simbólico. Israel tiene derecho a encarcelar a quienes asesinan a sus ministros. Que eso se convierta en material de celebración dice todo sobre quién construye héroes y de qué material los hace.



